Mundo Perigeo

Eduardo Fanegas de la Fuente

4 de agosto de 2020

A través de los ojos de un niño

 Mis últimos años ha sido extraños. Este Covid-19 lo único que ha hecho ha sido alargar y complicar un poco más el tiempo en este limbo en el que vivo. Y mientras permanezco en él cuido de mi hijo. El caso es que nos encontrábamos el otro día en el parque que hay junto a nuestra casa. Allí los niños del vecindario se juntan y juegan mientras los padres nos vamos conociendo un día tras otro.

 Y ya sabemos cómo son los niños entre los cuatro y los seis años. Lo cuentan todo, se preguntan y se responden y si no se lo inventan. Nosotros les escuchamos en segundo plano siempre con una sonrisa en los labios. Hasta que empezaron hablar entre ellos de nosotros.

 "Pues mi padre es muy fuerte.." "Mi padre es el más alto..." "Mi madre cura a la gente..." "Mi padre es piloto..."

Y le llegó el turno a mi hijo Samuel: "Pues mi padre es escritor y cocinero"

Toma ya.

 Tengo que reconocer que me puse nervioso al ver cómo me miraron algunos padres. Y tuve la sensación de que debía justificar aquello que había dicho mi hijo. Lo intenté. Pero no sé ni lo que dije. Creo que quedé bastante ridículo porque nadie hizo comentario alguno.

 Ahora en frío sé que debería haberme callado. ¿Me avergüenzo de lo que dijo mi hijo? Pues no, todo lo contrario. Quizá lo que me da vergüenza es querer ser lo que dijo y no serlo. 

 Llevo veinte años trabajando como informático. Bueno realmente dieciocho. Los dos últimos he estado de excedencia por motivos familiares. Y ahora estoy de baja. 

¿Qué es lo que me ha visto hacer mi hijo? Ejercer de cuidador y hacer las tareas del hogar. No soy cocinero, cocino en casa. No se me da mal es cierto, pero él es lo que ve y le gusta. Siempre me dice lo bien que cocino. Y deja el plato siempre limpio. Es mi ayudante de cocina. Hasta tiene su propia cocinita de juguete. Yo cocino para la familia y él lo hace para mi.

 También me ve escribir. Ha visto esos libros con mi nombre. Entonces papá es escritor. Lógica pura de un niño. 

 Pero papá no se siente así. Está en el limbo y no sabe qué va a ser de su futuro. Todo es tan extraño...

Por supuesto que quiero escribir, no puedo dejar de hacerlo a pesar del bloqueo. No importa que nadie me lea. Es una necesidad. Tengo tantos proyectos en mente, tantas cosas que contar... que no cuento nada.

Solo sé una cosa. Hay que hacer más caso de lo que dicen los niños.




4 comentarios:

  1. Jjajaja qué espontáneo tu hijo dando esa respuesta tan sincera, y es que los niños no mienten, y ha dicho la verdad, como tú cocinas en casa, para él eres cocinero y como te ve escribir, pues eres escritor, es que ha dicho la verdad. Así que no dejes de escribir, porque cuando es una necesidad, eso es lo más importante, y tu hijo tiene mucha razón.

    Me encantó esta entrada tan tierna, bella y sincera.

    Un beso enorme.

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    1. Siempre se ha dicho que los niños y los borrachos son los únicos que dicen la verdad ¿no? Tendré que hacerle más caso. Me alegra que te haya gustado la entrada :-D

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  2. "Quizá lo que me da vergüenza es querer ser lo que dijo y no serlo".

    ¿Qué es ser escritor? ¿Y cocinero? De lo segundo no sé, de lo primero sí podría dar fe aún en lo poco que llevo leyéndote. ¿O para ser algo tenemos que ganarnos la vida con ese algo? Lo digo sólo por si fuera la razón por la que no te consideras escritor o cocinero. Si escribes y cocinas... Los niños saben más que nosotros.

    Un abrazo

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    1. Quizá sea por eso por lo que me cuesta. Como no me gano la vida con ello... A lo mejor debería poner una etiqueta más, como diría Yauci "Escritor mindundi" o "Escritor desconocido"...No sé habrá que pensarlo. Pero estoy de acuerdo. Los niños tienen las cosas más claras.

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