Mundo Perigeo

Eduardo Fanegas de la Fuente

Mis novelas

Saga Perigeo #2

Perigeo Rojo

Cruce de Caminos Ediciones (Enero 2020)

“Su nombre era Esther. Supe desde el primer momento que era ELLA, pero estaba fuera de mi alcance. Sabía que era una chica que jugaba en primera división y yo no tenía nada que ofrecer dentro de su mundo. Inteligente, divertida, guapa a rabiar y con el glamour suficiente como para hacer cualquier cosa y quedar siempre bien.Todos la miraban con admiración y deseo. Y no sé cómo, ni por qué, acabó fijándose en mi...

Hubiese sido una bonita historia de amor salvo por el hecho de que, entre otras cosas, se viera interrumpida por los signos del Apocalipsis. Y por desgracia yo era el elegido para evitar el fin del mundo.”

Saga Perigeo #1

Perigeo Azul

Edición Ampliada

Cruce de Caminos Ediciones (Noviembre 2019)

Pocas personas podrían imaginar que bajo los vestigios de lo que un día fue el Palacio del Buen Retiro de Madrid, se hubiera construido un complejo gubernamental de alto secreto. ¿Quién iba a suponer que bajo sus cimientos se albergarían hoy día los mayores secretos y encerraría a los hombres más peligrosos del mundo?

El Preso del Agua era uno de ellos y consiguió lo imposible. Escapar. Durante su huida se nos desvelará su sorprendente historia que, a través de unos extraños sueños, le llevarán a un pequeño pueblo del Pirineo Aragonés.

Al mismo tiempo Rodrigo, un universitario recién llegado a tan remoto lugar, se empieza a dar cuenta de que el pueblo oculta un secreto muy antiguo y bien preservado. Pronto se verá envuelto en una aventura que cambiará su vida y su forma de ver el mundo tal y como lo conocemos ahora.

Colección de Relatos

Preludios y Secretos

Interludio

Cruce de Caminos Ediciones (Diciembre 2019)

Preludios y Secretos es una antología que contiene más de 70 relatos, microrrelatos y cuentos. Cada cicatriz, cada arruga o marca en la piel tienen una historia que contar. Y muchas de ellas van acompañadas de bocetos y dibujos del propio autor y de reconocidas ilustradoras y amigas, como Gretna Vásquez o Beatriz Moreno, que le han acompañado en este maravilloso viaje literario a lo largo de los años. También encontrarás reflexiones, pensamientos y algún que otro secreto que te abrirá las puertas de Mundo Perigeo.

El portal está abierto ¿No lo vas a cruzar?

Colección de Relatos

Doce meses y un año bisiesto

Varios Autores

Wave Books Editorial (Febrero 2020)

Hay letras que esperan años, muchos, para salir a la luz. Descansan en las sombras a que sea el momento exacto, el perfecto, el que estén destinadas a dejarse leer. Esta antología es mucho más que un compendio de horror, locuras, miedos, pasadizos o viajes por estilos tan dispares: es una odisea que empezó mucho antes que la Ola misma creara vida, y ahora, hoy, este año Bisiesto, es su año...Aquí no hay coordinador, hay creadores y criaturas: nació de una idea de dos mentes, una con S y otra con C que hoy se quedarán ellas en la sombra que abandona la creación, observando como, con maestría, este conjunto de autores sin par desatan la tempestad en mar abierto que solo acaba de empezar. Colgad el calendario en la pared. Sentaos en una silla frente a sus números, y abrid el libro. Bienvenidos a los meses que marcarán vuestras vidas.

Las crónicas de Mundo Perigeo

Eduardo Fanegas de la Fuente

Nací en el ascensor de un hospital de Madrid, pero crecí y estudié en la cervantina ciudad de Alcalá de Henares. Siempre vinculado a la literatura exploré otras disciplinas como la pintura y la música. Pero por circunstancias de la vida acabé licenciándome en Biología por la UAH y me reciclé como informático en una importante multinacional.

Me

No obstante no dejé de escribir nunca. Publiqué mi primera novela en 2011 y tras varios experimentos literarios (los dos últimos bajo seudónimo) he vuelto a publicar con mi nombre real para traeros una serie de novelas de fantasía contemporánea.


Eduardo Fanegas. Escritor.
Emma Sagen. Cronista.

Mis crónicas

Hugh Morris


"Un beso nunca se puede definir de manera absoluta. Porque cada beso es diferente del anterior y del siguiente. Así como no hay dos personas iguales, tampoco hay dos besos similares. Porque son las personas las que dan los besos. Personas reales y vivas palpitantes de vida, amor y felicidad extrema". - Hugh Morris

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¿Son sólo manías o es un TOC?

 Cuando decidí importar de mis antiguos blogs todas las entradas para convertirlo en mis crónicas sabía que seguramente no quedasen perfectas. En muchas he perdido los comentarios que se dejaron en su momento. Sabía que eso podía ocurrir y lo asumo. En otras he descubierto que aparte de perder el formato del texto también se han perdido las imágenes y los vídeos que lo acompañaban. Y eso ya me molesta un poco más...

 Y sé que nadie lo va a ver o volver a leer pero no puedo evitar ir revisando una por una las más de novecientas entradas y corrigiendo esos "fallos" para que quede todo perfecto. Porque yo sé que están ahí y no están como me gustaría. Sé que es absurdo y una enorme pérdida de tiempo pero no lo puedo evitar... Así que estoy en ello... Y esto me pasa con tantas otras cosas.




Have a drink on me


Llevo mucho tiempo pensando en la llegada de esta fecha tan señalada y temiendo que se convirtiera en un día triste y no de celebración. Es inevitable. Te echamos de menos y tu ausencia duele tanto... Es tu cumpleaños 🎂 y tú no estás aquí. El primero que no estás. No obstante siempre he dicho que a las personas que queremos las llevamos en nuestro corazón y nos acompañarán siempre. Quiero pensar que una parte de ti vive en cada uno de nosotros para seguir adelante y ayudarnos cuando más lo necesitamos. Y conociéndote, sé que hoy nos darías una colleja si nos vieras llorando por los rincones en vez de brindar contigo con una cerveza en la mano. 🍺 A mí me habrás visto más de una vez en alguno de esos rincones, pero seguro que me perdonas. Y hoy más, porque pienso ser de los primeros en levantar mi cerveza brindando contigo y por ti. 🍻 Siento no poder hacerlo desde la terraza de un bar o apoyado en la barra como te gusta a ti, pero así están las cosas por aquí. 😷 Yo invito a esta ronda ¡¡Felicidades brother!! ¡¡Beer on the way!! 🍺🍺🍻🍻



Esta va por ti brother.


Regresión

 Tenía la nariz pegada al cristal de la ventana de su habitación. No llegaba a tocarlo, pero notaba cómo emanaba el frío del exterior a través de éste. Afuera no soplaba ni una débil ráfaga de viento y la lluvia caía a plomo de tal forma que el vidrio permanecía completamente limpio. Casi hubiese preferido que las gotas de lluvia azotaran el cristal con fuerza, invitándole a separar la vista del desolador panorama regresivo que se avecinaba. Pero no era así. 

 Su vista seguía fija en la cortina de lluvia a la espera de que se abriera el telón y aunque sabía lo que le iba a mostrar, ya que lo había vivido mucho antes, estaba nervioso. Comenzaron a sonar los sordos aplausos de su subconsciente. Aplausos que se convirtieron en risas y burlas al ver quien estaba en el escenario. 

 La cortina de lluvia se había abierto y mostraba a un empapado y tembloroso muchacho al que el aguacero seguía azotando. Y aunque el público no podía verlo, el niño se había orinado en los pantalones. Él sí lo sabía. Ya lo había vivido antes... pero ¿cómo podían saberlo los demás? ¿de qué se reían entonces?

 Ya no importaba. Comenzaba la obra. No obstante el muchacho abrió la boca y no dijo nada. El agua le entraba en los ojos y se los limpiaba una y otra vez sin conseguir apartar la lluvia de su cara. Las risas y las burlas se convirtieron en truenos, y los tomates que comenzaron a tirar en rayos.

 Era imposible que así pudiera narrar la historia del sol. Porque él, desde allí, desde su ventana, sabía que era lo que tenía que contar. Las lágrimas le empañaron los ojos. Sabía que tendría que retroceder mucho más, pero ¿hasta cuando?

 La lluvia seguía cayendo a plomo. Se bajó el telón con el cuerpo del muchacho tirado en el suelo. Hacía mucho frío allí fuera, pero la ventana seguía sin recibir una sola gota de agua... excepto las que, desde dentro, brotaban del alma.


Grafitero Fantasma: Brother


Gracias grafitero. Estás en todo. Be on the way - Beer on the way

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Robert Pattinson


"Nunca puedes ser conocido por lo que quieres que te conozcan, la gente te conocerá por lo que sea que quieren conocerte." - Robert Pattinson

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La historia de Sandra: Dos


Sandra se alegró de que aquel tipo volviera a lo que parecía ser lo que mejor se le daba. Dormir. Se pudo otra vez los cascos, cruzó los brazos sobre el pecho, un pecho que a Sandra le pareció bastante ancho bajo la sudadera, y se entregó a los brazos de Morfeo de nuevo. Pero estaba segura de que ella no sería capaz de dormir durante todo el trayecto. Un vuelo de diez horas…

Agradeció que por lo menos dejase el asiento de en medio vacío. No tenía ganas de tenerlo cerca, ni tener que pelearse por el reposabrazos con él. Suspiró resignada y miró por la ventanilla. No podía dejar de darle vueltas a la cabeza. Nunca había hecho un viaje así sola. Siempre había ido con sus amigas o con alguna de sus efímeras parejas. Jamás había conseguido mantener una relación duradera. Y realmente no era porque no hubiese viajado nunca sola. Desde que sus padres fallecieron no había hecho ningún viaje en el que se tuviese que ausentar más de cuatro o cinco días.

No podía evitar esa necesidad de estar junto su hermano, aunque él no estuviese realmente allí… Sabía que en la Fundación le cuidaban como era debido. Pero no era lo mismo. Ella le hablaba, le leía, le acariciaba, le ponía música…

Ahora aquello le parecía como muy lejano. Todo había sido muy extraño desde que Simón despertó meses atrás. Ahora sorprendentemente estaba bien. Se había recuperado casi por completo. E incluso había iniciado una relación con su amiga Anita. Nadie la necesitaba ya. Era libre para hacer lo que quisiera. Y por eso estaba allí. Aunque en el fondo no tenía ni idea ni de por qué ni de lo que iba a hacer con su vida.



Su destino casi lo había escogido al azar. Bueno, su elección se había visto influenciada por la búsqueda de sol. Odiaba el invierno en Madrid. Y los billetes a México no eran tan caros comparados con los de las Islas Canarias. Así que, ¡qué diablos! Se merecía unas vacaciones así. ¿ Y qué mejor lugar que la Riviera Maya? Lo había decidido en el último momento.

Con esto volvió a sorprender a su amiga Anita. Y la verdad que ésta casi no se pudo creer que se atreviese a hacer un viaje de tal calibre. Y sola. Pero por otra parte se alegró de ese nuevo espíritu aventurero que mostraba. Aparte, por supuesto, de que eso la dejaba una completa libertad de movimientos con su hermano Simón.

No pudo evitar sonreír mientras miraba cómo el suelo se alejaba cada vez más hasta perderlo de vista entre las nubes. Miró de nuevo a su indeseado acompañante. La sonrisa se le borró al instante. Suspiró irritada y buscó en su bolso sus pequeños auriculares. Adventure of a lifetime de Coldplay  comenzó a sonar. Le encantaba aquella canción. Parecía que la habían escrito pensando en todo lo que le había ocurrido a ella, y por eso la había puesto la primera de su lista de música.


No sabía cuánto tiempo había pasado, ni recordaba haber cerrado los ojos. Pero algo, algún movimiento, alguna sacudida del avión la había despertado. Se quitó los auriculares y miró a su alrededor. Se sobresaltó al encontrarse al tipo aquel apoyado en el reposabrazos con ambos codos girado hacia ella y mirándola fijamente.

—Te has dormido.

—Sí, y qué. —Sandra se removió en el asiento e intentó ignorarle mientras guardaba el teléfono y los cascos en el bolso.

—Roncas como un caminero.

—Yo no ronco —le contestó ofendida mirándole con los ojos abiertos como platos. ¡Cómo se atrevía!

—Pues se han quejado casi todos los pasajeros. Hasta los de primera clase —dijo él con cierto tono de indiferencia volviéndose hacia adelante.

—Yo no ronco. Habrás sido tú que por lo que he visto no sabes hacer otra cosa que dormir.

—¿Me has estado observando? —enarcó una ceja mirándola otra vez con aquellos malditos ojos azules.
—Mira. Déjame en paz. Además eres tú el que me estaba mirando cuando me he despertado.

—Porque roncas.

—Que no ronco.

—Sí lo haces.

—Vete a la mierda —dijo apretando el botón para avisar a la azafata.

—¿Te vas a chivar? —se rió con todas las ganas.

Sandra estaba que echaba chispas. Le atravesó con la mirada y decidió no volver a contestar. Sabía que la estaba provocando adrede. Era un maldito imbécil maleducado e infantil.

—Venga no pasa nada. Muchas gente ronca por motivos distintos: vegetaciones, sobrepeso, alcohol, tabique nasal desviado… —enumeró levantando la voz y un dedo por cada motivo.

—Yo-no-ron-co —soltó Sandra en voz baja apretando los dientes. En ese momento apareció la azafata.
—¿Necesita algo señorita? —preguntó con una gran sonrisa en los labios.

Sandra respiró profundamente para calmarse.

—Me preguntaba si habría algún otro sitio libre… —dudó un instante— junto a la ventanilla, para que pueda sentarse el señor. Da la casualidad de que los dos sufrimos un poco de claustrofobia y mirar por la ventanilla nos alivia. Si no gustosamente se lo habría cambiado ya yo misma —dijo Sandra con su tono de voz más amable.

—¿En serio te quieres librar de mi así? ¿conservando tu preciado asiento junto a la ventanilla? —se volvió a reír él.

La azafata guardó silencio mirando expectante a la extraña pareja.

—¿En serio me vas a estar fastidiando todo el viaje? Primero me haces tropezar y me estropeas una de mis blusas preferidas. Luego te sientas en mi sitio y ahora me dices que ronco.

—Es que roncas. Pero no sé qué me hablas de tu blusa.

—¡Yo no ronco!

—Puf… lo que tú digas —resopló apartando el flequillo que se había deslizado hasta casi taparle los ojos mientras levantaba las manos mostrando las palmas en son de paz. Tenía unas manos grandes y fuertes.

Sandra gruñó exasperada. Se incorporó un poco en el asiento y se dirigió de nuevo a la azafata.

—Por favor, búsqueme otro asiento. No importa que no sea ventanilla.

—No se preocupes señorita, miraré a ver —intervino la azafata dándose cuenta de lo tenso que estaba el ambiente. Levantó la cabeza y oteó el interior de la cabina buscando algún asiento libre.

—Da igual. Ya me cambio yo de sitio. No te molestes. —El tono de voz de él cambió por completo—. Siento haberte molestado. De verdad.

Sandra se quedó con la boca abierta. No esperaba que se disculpase y menos aún que sintiera nada.
Él se levantó del asiento y se puso de pie junto a la azafata dedicándole una mirada y una bonita sonrisa. Ella apartó los ojos nerviosa y volvió a mirar al pasaje.

—Vaya, no hay ningún asiento libre —le miró.

—Oh, es una tragedia… —susurró clavando los ojos en la chica.

Sandra no se podía creer lo que estaba viendo. Aquel tipo era capaz de cualquier cosa. Era un falso, un manipulador mentiroso.

—Aunque si me acompaña, puede que haya un asiento libre en Business —dijo la azafata. El coqueteo era más que evidente.

La chica se giró y comenzó a caminar por el pasillo con las mejillas arreboladas. Él, antes de seguirla, se detuvo un instante para dedicarle una sonrisa socarrona a Sandra y le dijo adiós agitando la mano como si fuese una princesa.
Sandra volvió a sentarse y le ignoró. Vale. No sería ella la mejorase sus condiciones para el resto del viaje, pero por lo menos se había librado de él para siempre. Eso debía alegrarla. Pero no sabía por qué estaba cabreada. Y mucho.
Estaba segura de que ella no roncaba. Casi segura.


Continuará...

Jonh Rambo


Nada más terminar de rodar la escena en al que Jonh Rambo muere, Stallone se dirigió al director y le comentó: "Sabes Ted, le dimos tanta importancia a este personaje...La policía lo maltrata, le persiguen los agentes y los perros, tiene que saltar acantilados, correr a través de agua helada, recibe un disparo y se lo tiene que coser él mismo... Después de todo esto ¿ahora vamos a matarlo?".

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La historia de Sandra: Uno


3 de enero de 2016

Aunque había intentado mantener las apariencias Sandra había cambiado. Ya no era la misma. Caminaba por los pasillos de la terminal 2 del aeropuerto con el aplomo y la seguridad de siempre, pero sus pensamientos estaban sumidos en una verdadera tormenta de dudas e inquietudes. Quizá había conseguido mantener el tipo esos últimos meses, pero que anunciara en la fiesta de nochevieja a todos sus amigos que se iba de viaje sola les había dejado descolocados. No obstante sorprendió más a Anita que a su propio hermano. Cuando su amiga le preguntó el porqué de aquella repentina decisión, le mintió. Fue la primera vez que lo hacía.

Mentir había mentido muchas veces, especialmente cuando era adolescente, pero a su amiga jamás, a ella se lo contaba todo. Aunque, ¿cómo iba a explicarle todo lo que había ocurrido desde que su hermano despertó del coma? ¿cómo iba a decirle que Simón había salvado el mundo de un Apocalipsis y que ella misma había compartido su cuerpo con un ente como la propia Vida para expulsar a un demonio de nuestro plano?

 Si a ella misma le sonaba a locura se podía imaginar lo que pensaría Anita, y se reiría de aquella historia en su cara. Cuando estaban juntas podían llegar a decir muchas tonterías. Seguían siendo aquellas niñas con ganas de divertirse y reírse a todas horas. Pero ella ya no podía reírse de la misma manera. Se había visto sobrepasada por lo ocurrido y ahora que ya pasó todo la realidad se le echó encima. Se sentía perdida y sola.

De todas maneras la jugada le había salido bien. Supo fingir que no pasaba nada y que era algo que deseaba hacer de verdad. Y a pesar de la inquisitiva mirada que le había echado Anita aún con las uvas en la mano, las que no se había podido comer por el ataque de risa que le había dado durante las campanadas, consiguió convencerles de que su escapada tenía todo el sentido del mundo. La nueva parejita necesitaba estar a solas y ella también lo necesitaba. Eso último sí que era cierto. Lo que no tenía claro era durante cuánto tiempo, ni dónde, ni para qué.

Caminaba con la mirada puesta en su puerta de embarque cuando de repente tropezó con algo y cayó cuan larga era en el suelo. La maleta salió despedida y su bolso se desparramó. El café que llevaba en uno de esos frágiles vasos de cartón se aplastó en su mano y le salpicó la cara. Y no solo le manchó la chaqueta, sino también la blusa blanca que llevaba debajo. No sabía por qué pero aquella mañana se había vestido como si fuese a trabajar. Sandra se quedó parpadeando perpleja y sintiéndose algo ridícula chorreando café por la cara y con la mirada de todos sobre ella.

—¿Se encuentra bien? —Una señora de mediana edad y su marido se habían levantado de los asientos que estaban enfrente de ella para auxiliarla.

—Sí, sí…gracias —dijo Sandra mientras se pasaba una mano por la cara para limpiársela. Se incorporó un poco con ayuda del marido de la señora para quedarse de rodillas. No pudo evitar mirar hacia atrás para ver con qué había tropezado. Se encontró que unos pasos más atrás había un tipo despanzurrado en uno de los asientos, con los pies sobre una gran bolsa de viaje ocupando medio pasillo. Tenía las manos metidas en los bolsillos de la sudadera, su greñuda cabeza echada hacia atrás con los ojos cerrados y llevaba unos enormes cascos con lo que seguramente estaba escuchando música a todo trapo. Ni se había inmutado. Sandra pensó que no se podía ser más imbécil y que seguramente estuviera medio drogado. Se volvió a girar y vio que la señora se había puesto a recoger el contenido del bolso que se habían esparcido por todo el suelo mientras que el hombre se dirigía de nuevo a su asiento.

—No hace falta, no se preocupe. Ya lo recojo yo.

—No pasa nada niña, es un momento.

La joven miró a la mujer y vio que era aquel tipo de persona que no iba a cejar en su empeño de ayudarla, así que no insistió y le dio las gracias. 



Sandra fue de las últimas personas en embarcar en el avión. Gracias a Anita, que era azafata de la compañía con la que viajaba, había conseguido embarque preferente pero antes tuvo ir al baño de la terminal para cambiarse de ropa y arreglar un poco aquel estropicio. Las manchas de café no saldrían nunca de la blusa.

Una de las azafatas le dio la bienvenida y le indicó dónde estaba su asiento. Se alegraba de que no fuera una de las compañeras que su amiga solía traerse cuando salían de fiesta. No se veía con ganas de dar explicaciones sobre su improvisado viaje. Hacerlo en business habría sido mucho pedir, pero Anita le había conseguido uno de los mejores asientos en turista. No obstante cuando llegó hasta él había alguien sentado en su plaza.

—No me lo puedo creer.

Allí con la cabeza pegada a la ventanilla estaba el incivilizado tipo que le había hecho caer.

—Perdona, pero estás en mi asiento.

Él ni se inmutó. Seguía con los auriculares puestos. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y parecía que se había vuelto a quedar dormido. ¡Pero cómo podía ser, si acababan de embarcar!

—Perdona —repitió Sandra enfadada, y se inclinó para darle con el dedo índice repetidas veces en el hombro.
El tipo pegó un respingo y abrió los ojos somnoliento. Miró a un lado y a otro desorientado hasta que fijó la vista en la mujer que le había despertado. Se quitó los auriculares.

—¿Eh? ¿Ya hemos llegado?

—No. Aún no hemos despegado. Estás en mi asiento.

Él se frotó los ojos, miró los dos asientos vacíos que había a su lado y enarcó las cejas para volver a mirar a Sandra.

—Como has tardado tanto pensé que todos los asientos estaban vacíos. Así que escogí la ventanilla. Puedes sentarte aquí si quieres —señaló los asientos vacíos a su lado.

Sandra tuvo que apretar los dientes un instante y respirar para no mandar a paseo a aquel maleducado.
—No he tardado. He embarcado a tiempo, aunque si no hubiese tropezado con... Por favor ¿Te levantas y me dejas mi asiento? —No tenía que darle ninguna explicación. Así que marcó suficientemente el “mi” para que quedase claro dónde se iba a sentar.

El tipo casi sin inmutarse miró su reloj de muñeca.
—Pues creo que ya vamos a despegar con retraso.

Sandra resopló. No entendía cómo podía haber gente como aquella. Al ver su expresión pareció claudicar y finalmente se levantó. Tuvo que agacharse para no darse en la cabeza e incluso se vio obligado a doblar bastante la espalda. Era muy alto. Mientras salía al pasillo Sandra se fijó más en su atuendo. Llevaba unos vaqueros bastante raídos y una sudadera gris con unas letras y un logotipo estampados. Cuando llegó a su lado para cederle su asiento Sandra dio un paso hacia atrás, pero él se volvió a acercar invadiendo su espacio. El olor que desprendía le sorprendió, pero para bien. Era una esencia vigorosa oriental, floral y especiada. Ella esperaba que un tipo como ese oliese a sudor y a porro. Miró hacia arriba y se encontró un rostro anguloso con barba de varios días. Unos ojos azules la miraban con intensidad.

—La señorita ya puede ocupar “su” asiento —dijo pasándose la mano por el enmarañado y largo pelo.

Gilipollas —pensó Sandra. Se apartó de él para subir su equipaje de mano al portamaletas y le apartó para ocupar su lugar junto a la ventanilla.
Tuvo la sensación de que el viaje se le iba a hacer muy largo.

Continuará...

La historia de Sandra: Intro

Ha habido dos personas muy interesadas en que relatase la historia de Sandra Salgado. Ella es un personaje relativamente secundario de Perigeo Rojo. Digo relativamente porque no es protagonista, pero su papel sí que es muy importante. Su historia comienza justo en el punto donde termina la novela.

 Como ya os comenté en otra entrada a modo de presentación, pequeñas historias de Mundo Perigeo, los pequeños e inevitables spoilers que traiga la narración irán escritos en otro color. Pero no os preocupéis los que no hayáis leído la novela ya que no serán indispensables para el desarrollo de la historia. Así que permanezcan atentos a sus pantallas...


Atención Leoneses


Se busca a un hombre con el pelo largo, entrecano y barba poco poblada. Su rostro no muestra ninguna expresión. Tiene los ojos oscuros y párpados caídos. Manos enormes y brazos largos, extremadamente alto y delgado. Se le ha visto tomando vinos a solas en el Barrio Húmedo. Si lo ven no se acerquen a él, avisen rápidamente a la policía, es muy peligroso. Fue visto por última vez el 23 de octubre de 2015 saliendo de La Bicha. Se piensa que es un personaje de la novela Perigeo Rojo. Si lo ven ruego se pongan en contacto conmigo en el correo mundoperigeo@gmail.com

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