Mundo Perigeo

Eduardo Fanegas de la Fuente

31 de enero de 2020

Calentándose al sol

Cuando vivíamos en nuestra antigua casa, veíamos a este señor todos los fines de semana. Era muy madrugador, y ya hiciera frío o calor, que no perdía su cita con este banco para sentarse a dormitar hasta que el sol salía y comenzaba a calentar sus ancianos huesos. Era un hombre muy peculiar. Yo siempre le observaba durante un rato y solo podía imaginar aspectos de su vida. Después de mudarnos ya no volví a verle, pero aún me pregunto qué habrá sido de él.

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