Mundo Perigeo

Eduardo Fanegas de la Fuente

20 de mayo de 2011

El coche de sus sueños (parte II) V.O.
El hospital estaba cerca, así que no tardarían ni diez minutos con ese coche; echó una rápida mirada al muchacho y vio que todavía respiraba, aunque estaba muy pálido por la pérdida de sangre.

-¿Qué ha pasado? ¿Qué has hecho? -preguntó Fel atropelladamente.

-¿No te gusta ahora el color del coche? -farfulló Udo mientras soltaba un reguerillo de sangre por la comisura de la boca. -Pues si lo quieres rojo aquí hay sangre suficiente para pintarlo -Murmuró.

Ese cabronazo se estaba muriendo y no perdía el sentido del humor. Parecía disfrutar con todo aquello, sus ojos no dejaban de pasearse por el puñal aun clavado en su vientre. Fel sin dejar de mirar la carretera se dio cuenta de ello y sin pensárselo dos veces ( grave error) le sacó el puñal de un tirón y lo dejó caer en el asiento de atrás. Mr. Udo soltó un gruñido de dolor y su rostro se contrajo en una profunda mueca. 

-Puta ignorante, ahora me desangraré.

 Fel siguió haciéndole preguntas pero al ver que no contestaba se dio cuenta de que se había desmayado, estaba perdiendo mucha sangre. Minutos más tarde el deportivo entraba velozmente en la zona de urgencias del hospital; por fin había dejado de llover y el cielo se despejó dejando paso a una profunda noche primaveral. Detuvo el coche justo en la puerta de entrada, miró al muchacho mientras abría la puerta y se dio cuenta de que este ya no respiraba, su tez blanquecina reflejaba un eterno sosiego.

-iHijo de puta, no te mueras ahora! -Las lágrimas acudieron a los ojos de Fel, se inclinó sobre el joven y empezó a sacudirlo -iNo te mueras cabrón! - Empezó a sollozar desesperadamente y no porque sintiera algún afecto por Udo, el le traía sin cuidado, sino porque estaba perdida y era sospechosa de asesinato.

Fel no se percató de que un enfermero se había asomado por la puerta abierta del coche .

-¿Se encuentra bien? -la última palabra se ahogó en su garganta al ver toda aquella sangre, sus ojos se abrieron de par en par y se incorporó para pedir una camilla.

Sus palabras se volvieron a ahogar al recibir una fuerte patada en la entrepierna desde el interior del coche, cayó encogido sobre el suelo. Fel se puso de nuevo al volante y salió dispara de allí. Ahora sí que tenía problemas, llevaba un cadáver ensangrentado como copiloto, un coche seguramente robado y posiblemente acababa de dejar sin carnet de padre a aquel pobre enfermero. No sabía dónde ir.

De repente un plan empezó a tomar forma entre las brumas de sus confundidos pensamientos. La incineradora. Sería duro pero era la única forma de deshacerse del cuerpo sin dejar rastro; sí era una locura, ella no había hecho nada pero alguien la había visto "apuñalar" al joven y también la vieron huir del hospital. La incineradora la utilizaban en la facultad para eliminar los restos orgánicos de las disecciones de los animales de laboratorio, y esa era la única forma de eliminar el cuerpo completamente; del coche ya se ocuparía mas tarde.

Así puso rumbo de nuevo al punto de partida. Ahora siendo de noche tendría que evitar a los guardias de seguridad que patrullaban por el campus. Pensó que no sería difícil, eran bastante incompetentes, además existía un camino por detrás del recinto universitario, junto a las vías del tren, que llevaba directamente hasta la parte posterior del edificio de biología animal que era donde se encontraba el incinerador .Lo difícil sería meter el cadáver en el edificio.

Tal como había pensado, llegar fue fácil .Apagó el motor y las luces, el coche estaba más o menos oculto en el camino tras unos árboles y arbustos. La parte trasera del edificio no estaba iluminada, por allí nadie la vería; pero la parte delantera ya era otra cosa y era por allí por donde tenía que entrar. Había unos quince metros entre la esquina delantera del edificio y la puerta, solo tenía que recorrerlos sin que nadie la viese, abrir la puerta y ya estaba dentro. Ella sola podía hacerlo fácilmente pero cargando con un cadáver la cosa cambiaba mucho.

-Espérame aquí -dijo Fel mientras sonreía nerviosamente al cadáver, estaba a punto de ponerse histérica y pensó que un poco de humor la relajaría - y que no se te ocurra poner la radio. -Salió del coche y corrió hacia la esquina delantera del edificio con una sonrisa enloquecida dibujada en sus labios.

Al llegar su rostro volvió a transformarse y la preocupación volvió a renacer. Se asomó y comprobó que los guardas no andaban por allí. Lo único que se oía era el silencio de la noche. Se acercó a la puerta, estaba cerrada, eso quería decir que el edificio estaba vacío.

2 comentarios:

  1. ¡vaya! ¿Y nos dejas así para el fin de semana? Si lo sé me aguanto las ganas hasta que lo cuelgues entero, ;P Eso es bueno, ¿no? Engancha



    Publicado por Vir para Pedacitos de Muerte a las 20 de mayo de 2011 08:21

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  2. Eduardo Fanegas de la Fuente10 de junio de 2020, 10:37

    El fin de semana pasó rápido ¿No? En breve sale la tercera y última parte, está programado :-)



    Publicado por Eduardo Fanegas de la Fuente para Pedacitos de Muerte a las 23 de mayo de 2011 01:51

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