Mundo Perigeo

Eduardo Fanegas de la Fuente

Mis novelas

Saga Perigeo #2

Perigeo Rojo

Cruce de Caminos Ediciones (Enero 2020)

“Su nombre era Esther. Supe desde el primer momento que era ELLA, pero estaba fuera de mi alcance. Sabía que era una chica que jugaba en primera división y yo no tenía nada que ofrecer dentro de su mundo. Inteligente, divertida, guapa a rabiar y con el glamour suficiente como para hacer cualquier cosa y quedar siempre bien.Todos la miraban con admiración y deseo. Y no sé cómo, ni por qué, acabó fijándose en mi...

Hubiese sido una bonita historia de amor salvo por el hecho de que, entre otras cosas, se viera interrumpida por los signos del Apocalipsis. Y por desgracia yo era el elegido para evitar el fin del mundo.”

Saga Perigeo #1

Perigeo Azul

Edición Ampliada

Cruce de Caminos Ediciones (Noviembre 2019)

Pocas personas podrían imaginar que bajo los vestigios de lo que un día fue el Palacio del Buen Retiro de Madrid, se hubiera construido un complejo gubernamental de alto secreto. ¿Quién iba a suponer que bajo sus cimientos se albergarían hoy día los mayores secretos y encerraría a los hombres más peligrosos del mundo?

El Preso del Agua era uno de ellos y consiguió lo imposible. Escapar. Durante su huida se nos desvelará su sorprendente historia que, a través de unos extraños sueños, le llevarán a un pequeño pueblo del Pirineo Aragonés.

Al mismo tiempo Rodrigo, un universitario recién llegado a tan remoto lugar, se empieza a dar cuenta de que el pueblo oculta un secreto muy antiguo y bien preservado. Pronto se verá envuelto en una aventura que cambiará su vida y su forma de ver el mundo tal y como lo conocemos ahora.

Colección de Relatos

Preludios y Secretos

Interludio

Cruce de Caminos Ediciones (Diciembre 2019)

Preludios y Secretos es una antología que contiene más de 70 relatos, microrrelatos y cuentos. Cada cicatriz, cada arruga o marca en la piel tienen una historia que contar. Y muchas de ellas van acompañadas de bocetos y dibujos del propio autor y de reconocidas ilustradoras y amigas, como Gretna Vásquez o Beatriz Moreno, que le han acompañado en este maravilloso viaje literario a lo largo de los años. También encontrarás reflexiones, pensamientos y algún que otro secreto que te abrirá las puertas de Mundo Perigeo.

El portal está abierto ¿No lo vas a cruzar?

Colección de Relatos

Doce meses y un año bisiesto

Varios Autores

Wave Books Editorial (Febrero 2020)

Hay letras que esperan años, muchos, para salir a la luz. Descansan en las sombras a que sea el momento exacto, el perfecto, el que estén destinadas a dejarse leer. Esta antología es mucho más que un compendio de horror, locuras, miedos, pasadizos o viajes por estilos tan dispares: es una odisea que empezó mucho antes que la Ola misma creara vida, y ahora, hoy, este año Bisiesto, es su año...Aquí no hay coordinador, hay creadores y criaturas: nació de una idea de dos mentes, una con S y otra con C que hoy se quedarán ellas en la sombra que abandona la creación, observando como, con maestría, este conjunto de autores sin par desatan la tempestad en mar abierto que solo acaba de empezar. Colgad el calendario en la pared. Sentaos en una silla frente a sus números, y abrid el libro. Bienvenidos a los meses que marcarán vuestras vidas.

Las crónicas de Mundo Perigeo

Eduardo Fanegas de la Fuente

Nací en el ascensor de un hospital de Madrid, pero crecí y estudié en la cervantina ciudad de Alcalá de Henares. Siempre vinculado a la literatura exploré otras disciplinas como la pintura y la música. Pero por circunstancias de la vida acabé licenciándome en Biología por la UAH y me reciclé como informático en una importante multinacional.

Me

No obstante no dejé de escribir nunca. Publiqué mi primera novela en 2011 y tras varios experimentos literarios (los dos últimos bajo seudónimo) he vuelto a publicar con mi nombre real para traeros una serie de novelas de fantasía contemporánea.


Eduardo Fanegas. Escritor.
Emma Sagen. Cronista.

Mis crónicas

Llorar, morir, soñar (V.O.)

Este es otro relato de febrero de 2005. Debe ser que aquel mes estuve muy inspirado para lo que era el germen de la novela. Es curioso que siempre buscaba a la gente que me rodeaba para convertirles en protagonistas de mis historias. Quizá aún lo hago pero de manera más sutil...

Lennon mantenía apoyado el rotulador sobre el papel como si estuviese esperando que de alguna forma empezara a deslizarse dibujando lo que él ya no podía dibujar. Había hecho tantos diseños para portadas de libros, discos...

Intentó plasmar tantas veces la muerte, una sombra, una guadaña, una calavera... pero ya no le convencía nada de aquello; quería, mas bien, necesitaba algo más. Cuando se encontraba perdido y no sabía que pintar buscaba esas figuras reflejadas en la pared. Observaba durante largos minutos los relieves de esta en busca de alguna idea; intentaba ver rostros, animales... simplemente alguna forma extraña que llamara su atención. A veces le resultaba muy fácil encontrar varias figuras pero otras no lograba concentrarse y solo conseguía ponerse más nervioso. Hoy era uno de esos días.

Encendió otro cigarro, para lo joven que era fumaba demasiado. Desde que se dedicaba a pintar se recordaba siempre con un cigarro en una mano y un rotulador en la otra. Sus manos delgadas y huesudas temblaban por el nerviosismo, se percato del trepidante movimiento del cigarrillo entre sus dedos y se lo llevo a la boca para darle una larga calada. Hacía calor en el estudio, el largo y negro cabello se había pegado a su sudorosa frente. Soltó el rotulador y se paso la mano por esta apartando los enmarañados pelos.

-¿Lloras? -trono una voz que le era extrañamente familiar.

-No lloro -Lennon se sintió ofendido. -Yo nunca lloro -remarcó.

-¿Por qué lloras? -insistió la voz.

-Te he dicho que no estoy llorando -No sabía de dónde venía la voz, ni de quien era, pero no le preocupaba.

-¿Qué significado tienen las lágrimas? -volvió a preguntar.

-No lo sé, pero ¿Por qué no cambias de tema? ¿Eh -contestó algo irritado Lennon.

-Solo quería conocer más, es bueno conocer.

Los dos quedaron en silencio un momento. Lennon volvió a coger el rotulador y lo apoyo sobre el papel aun en blanco.

-¿Qué haces?

-Intento dibujar -resoplo ante la molesta curiosidad de la voz.

-¿Qué quieres dibujar? -Su tono era lineal, un susurro, como la brisa tras la tormenta, era agradable.

-Preguntas demasiado -Al joven aquello empezaba a parecerle un interrogatorio, el solo quería charlar un poco.

-Quiero conocer, ¿Qué vas a dibujar? -insistió de nuevo la voz.

Lennon se dio por vencido -La muerte, quiero retratar la muerte en su esencia.

-¿La has retratado alguna vez?

-Sí. -Pensó en su respuesta y cambio de opinión -No, he intentado dibujarla pero nunca es la verdadera muerte.

-¿Te gustaría retratar la verdadera muerte? -ofreció más que preguntó.-Claro que sí .

De repente Lennon se encontró de pie, con un block en una mano y un rotulador en la otra, en medio de la vía del tren. Unos faros iluminaron su rostro y el pitido de un mercancías le sacó de su abstracción. Sus ojos se abrieron de par en par y unos instantes antes de ser arroyado salto hacia un lado. Quedó tendido en el suelo mientras veía pasar el tren, no podía comprender lo que había pasado.

-¡Joder! ¡¿Dónde estoy?! –gritó asustado.

-¿No querías dibujar la muerte? -dijo serenamente la voz.

-¡Sí, pero no de esa forma!

-Entonces ¿Cómo quieres conocer la muerte? -interrumpió.

Lennon estaba confuso, no sabía qué decir, que hacer, oía una voz y no sabía de quien o de que era, el miedo empezaba a meterse en sus huesos.

-Para dibujar hay que conocer. Conocer es bueno -la voz le saco de sus pensamientos.

De repente Lennon se encontró a pocos centímetros del rostro de alguien, un rostro desencajado, asustado, dolorido. Se miraron a los ojos. Noto como algo caliente empezaba a humedecer su mano derecha, se aparto un poco de aquel desconocido, aun se miraban a los ojos. Lennon bajo la vista hacia su mano y comprobó horrorizado que sujetaba un puñal clavado en el vientre de aquel hombre, la sangre empezaba a manar manchando sus dedos, sus manos. Soltó el cuchillo y observo su mano como si no fuera la suya con un gesto de pavor marcado en su rostro. El individuo cayó muerto a sus pies.


El joven miro a su alrededor intentando situarse; se encontraba en un callejón, frío, húmedo y poco iluminado.

-i¿Que está pasando?! -preguntó horrorizado.

-La muerte, tienes que conocer la muerte para dibujarla ¿Recuerdas? -dijo la voz sin inmutarse un ápice.

-Quiero irme a casa, por favor -suplicó Lennon con voz temblorosa. Cada vez entendía menos lo que ocurría allí. Se llevo las manos a la cabeza creía que toda aquella confusión se la reventaría, se mancho la cara de sangre. Sus recuerdos, sus pocas pero intensas vivencias se acumulaban en una extraña y única imagen. Era familiar, repleta de rostros sin contornos; cada par de ojos que veía le hacían sentirse peor, sentía las miradas y sentía su dolor. 

De la fusión de los elementos más diferentes y extraños surgieron las formas más bellas de la muerte. Caminaba hacia la nada y le pareció oír una voz. Las manos de Lennon aparecieron sumergidas bajo unas aguas agitadas y su rostro blanquecino por un momento reflejo el odio e instantes después la confusión. Sus manos apretaban algo que se revolvía bajo las aguas. Se detuvo el forcejeo pero ya era tarde. La superficie del agua volvió a tornarse transparente tras la turbulencia del ajetreo, lentamente Lennon soltó el cuello de una joven a la que acababa de ahogar en una bañera; el estaba dentro con las rodillas apoyadas en los hombros de ella.

-i Dios!... ¿Qué he hecho? -gimió con las lagrimas a punto de abordar sus ojos.

-Ver la muerte -dijo la voz. -¿Lloras? , dibuja ahora -continuó.

-iDéjame en paz! Así no se puede dibujar la muerte, no puedo ir por ahí, si es que voy, matando a la gente, no es un juego...

-Pues no parece afectaros, la vivís cada día, la veis por televisión y no parece importaros, todo lo contrario, parecéis disfrutar con ello -reprochó la voz.

-No, no es así realmente... -Lennon no sabía que decir, no podía concentrarse.

-Entonces tendrás que conocer tu propia muerte para dibujarla.

Cayendo al vacío el joven dibujante gritaba desesperado, un suelo apareció y se acercaba a gran velocidad. Su cuerpo se estrello y al quebrarse la sangre se abrió camino en todas las direcciones. Sabía que estaba muerto, que ya no respiraba, que no podría moverse, pero aun era consciente para sentir el dolor, el olvido, el desprecio, el odio, la agonía... la muerte.

Ardiendo, siendo el combustible de las llamas, sentía el frío y el calor, revolviéndose, gritando por el agudo dolor, cayó al suelo carbonizado. Sabía que había muerto, que ya no respiraba, que su cuerpo lo dispersaba el viento, pero aun era consciente para sentir la muerte.

Ahorcado, desmembrado, devorado, electrocutado... conoció todas las muertes posibles. Por fin despertó. Se hallaba en su estudio, en la mesa de dibujo, donde todo comenzó; había sido una pesadilla, un mal sueño. Su mano aun sostenía el rotulador pero el papel ya no estaba en blanco, había un dibujo: Un joven crucificado gritando de dolor ¿Por qué yo, Padre?



"Amigos" Soy feliz

Esta entrada lleva en mi cabeza mucho tiempo. Días, semanas y hasta quizá meses. Pero lo digo ahora.

Soy Feliz y sé que a algunos os jode.

Pues bien, joderos. Que yo nunca os he dado de lado, ni cuando estabais hundidos ni cuando os iba todo de maravilla. Porque yo soy un amigo. De esos que siempre os llama, de los que siempre ha estado pendientes de vosotros. Pero ahora claro, como todo me va bien buscáis no se qué excusa para alejaros de mí. Pues os jodéis. Que a pesar de todo he sido yo el que ha seguido ahí al pie del cañón para ver cómo estáis. Si os va bien o si no. Os ha sido muy fácil no cogerme el teléfono o el verme y hacer como si fuera el repartidor de telechino.

Pues sí, soy feliz y deberíais estar contentos por ello y celebrarlo conmigo en vez de esconderos en vuestras madrigueras. Que parece mentira ser lo "amigos" que fuimos ayer. Me dicen que son celos, envidia o que seguramente en el fondo sois unos amargados que os jode que haya salido mi vida adelante y no arrastrarme con vosotros y vuestras pajas mentales.

Sea lo que sea os jodéis, sois vosotros los que os habéis ido, Yo he estado y estaré aquí siempre. Pero no pienso hacer más el imbécil por vosotros. Voy a vivir la vida estéis conmigo o no.

Hala, he dicho.

Todo, en Color

  
  El suave sonido del grafito sobre el papel, el blanco del folio y el portaminas azul se convierten en palabras llenas de color dando vida a la hoja; párrafos de hoy que aquí y ahora quieren decir tantas cosas...

  Todo, que es lo que escribo es una gama de amor de intenso rojo, de risas de suave amarillo, de amistad de fuerte y sólido verde, de mis propios sueños de todos los colores al mismo tiempo... como el brillo de mis negras pupilas en tu intensa mirada de color miel que se trasluce en chirivitas de complicidad cuando estamos juntos. El dorado de tu piel pegado a mi cuerpo...de tus negros cabellos rozando mi rostro, de mis carnosos labios en tus mejillas cada vez más coloradas.

 Y ese espacio de tiempo imposible de medir en el que estás a mi lado todo es en color, con más color que el propio arco iris. Y mis palabras se atolondran en mis labios...pero tú sabes sólo con mirarme lo que quiero decir.

 Y no sé decirlo de mejor manera que pudiéndo deslizar mi portaminas azul en mil aventuras, mil personajes salidos de mi imaginación, que luchan, ríen, corren y en definitiva viven en mí y  que por fin no dejan en blanco el papel...páginas y más páginas se van llenando de color.


El coche de sus sueños (parte III y Final) V.O.

Tenía un plan, abrió con sus llaves y entró; subió en el ascensor y al salir no encendió ninguna luz, conocía bastante bien el edificio como para moverse a oscuras. Se dirigió a su despacho y cogió su silla de oficina que tenía ruedecitas.

-Unos plásticos, necesito unos plásticos susurró para sí misma. No había plásticos del tamaño suficiente para envolver el cuerpo así que finalmente se decidió por un rollo de papel transparente de esos que se usan para envolver alimentos.

-Espero que esto sirva. -Cogió el rollo y la silla y volvió a bajar. Se asomó antes de salir del edificio. -i Mierda! -En aquel momento pasaban por allí los guardias. El corazón de Fel empezó a latir desenfrenadamente, se escondió en la oscuridad del edificio alejada de las puertas de cristal. Los guardias iban comprobando que todo estaba tranquilo sin mucho entusiasmo, mirando que todas las puertas de los edificios estuviesen cerradas.

iLa puerta! No la había cerrado, ya era tarde para eso. Se temía lo peor, no debía moverse de su escondite de oscuridad o la verían. Los dos guardias caminaban juntos sin hablar, a esas alturas ya no tenían mucho que decirse, era un trabajo aburrido donde nunca ocurría nada.

-Será mejor que nos demos prisa, va a llover otra vez y no quiero que nos pille de paseo, volvamos al coche -dijo el más alto. Era joven y se le veía con pocas ganas de trabajar. Su compañero, algo mayor, ignoró sus palabras y se acercó a la puerta del edificio donde se encontraba Fel escondida. Un sudor nervioso empezó a perlar la frente de Fel, su respiración se entrecortaba y cada vez se hacía más veloz. Veía al guardia en las puertas de cristal. Su mano se acercó al pomo de la puerta, lo tocó, lo rodeó con sus dedos, lo giró y... no se abrió. Había intentado abrir la puerta (era doble) que siempre estaba cerrada.

-Venga vámonos -insistió el joven guardia.

-Está bien -cedió el otro.

Fel entornó los ojos y respiró aliviada mientras los guardias se alejaban. Esperó unos minutos para asegurarse de que estaban ya lo suficientemente lejos para no verla ni oírla y salió del edificio empujando la silla junto con el rollo de plástico. Al llegar junto al coche supo que ahora empezaba lo realmente complicado. Quería envolver el cuerpo en plástico para dejar el menor o ningún rastro de sangre por el camino y así tampoco mancharía la silla. Enrolló como pudo el cuerpo del muchacho dentro del coche, odiaba aquellos rollos de plástico transparente, los muy condenados se pegaban por todas partes; estaba tardando mucho y eso le ponía más nerviosa. Se dio por vencida con el rollo de plástico y arrastró el cuerpo fuera del coche. Tumbó la silla en el suelo bajo el joven y los levantó a ambos de una vez, le costó un buen esfuerzo pero ahora solo tenía que empujar. Entró en el edificio comprobando que nadie había por los alrededores y se dirigió a la sala donde estaba la incineradora .Una vez allí dejó la silla con Udo sentado a un lado; abrió la compuerta y justo lo que se esperaba, el cuerpo era demasiado grande como para que entrase por ella entero I tendría que descuartizarlo
.

Sería difícil, el material que había en aquellos laboratorios no estaba preparado para desmembrar animales de gran tamaño I tendría que arreglárselas con un bisturí y unas tijeras. Llevó el cuerpo a la mesa de disección que había en la misma sala de la incineradora, mientras se armaba de valor la encendió, rasgó el plástico y las ropas del joven y las echó al fuego. Dejó la compuerta abierta para que se iluminase la sala y no correr el riesgo de que se viesen las luces de la sala desde fuera. El ambiente de la estancia tomó un aspecto fantasmagórico con la ida y venida de las sombras producidas por las llamas. Fel observó el cuerpo del joven, parecía frio, realmente frío, pero la temperatura de la sala iba aumentando. -Bueno, manos a la obra -Cogió el brazo del joven, el cual se hallaba boca arriba sobre la mesa, lo sacó fuera de esta y dejo el codo a la altura del borde de la mesa. Inspiró profundamente, apretó los dientes y apoyándose sobre el hombro del cadáver partió el brazo de un golpe seco.

Ahora sería más fácil cortarlo por ahí. Volvió a colocar el flácido brazo sobre la mesa, clavó el bisturí en el doblez interno del brazo, porque ahora el brazo se doblaba hacia ambos lados; sonrió mientras estas palabras tomaban forma en su mente. Cada vez que amputaba un miembro lo echaba a la incineradora (aunque jugó un rato con uno de ellos), quería deshacerse cuanto antes del cadáver.

Pasaron varias horas y por fin a altas horas de la madrugada ya había desmembrado todo el cuerpo y solo quedaba la cabeza por echar al fuego. Fel con los brazos manchados con la poca sangre que le quedaba al muchacho cogió la cabeza entre sus manos y la observó pensativa.

-Me has hecho sufrir pero al final lo hemos pasado bien ¿Verdad? -dijo.

Entonces le dio un beso de despedida. Al echarla al fuego cerró la compuerta y puso al máximo la potencia de la incineradora .Todo acabó. Limpió la mesa y todo rastro que hubiese dejado.

-Ni siquiera yo lo hubiese hecho mejor -sonó una voz tras ella. Fel se giró sobresaltada y se encontró con la joven que la vio "asesinar" a Mr. Udo. -Yo no lo hice -se apresuró a decir Fel -Yo no le maté.

-Lo sé, lo hice yo, tendría que haber llamado a la policía nada más verte poner tus dedazos en el puñal, pero corría el riesgo de que ese cabrón sobreviviese y tuve que esperar a ver qué ocurría. Además me encanta ese coche- dijo tranquilamente, -¿Que por qué lo hice? -hizo una pausa y sonrió amargamente -Simplemente porque te odio y a él le amaba. No podía aguantar tanta tontería con la historia del coche. Tú siempre dando coba a los alumnos que te gustan, puta. -reprochó I -Se acabó -.La joven sacó una pistola de debajo del abrigo y apuntó a la cabeza de Fel .

-i No por favor, no lo hagas, nadie sabrá nada te lo juro!

No la oyó porque estaba vaciando el cargador en su cabeza; los sesos de Fel se esparcieron por toda la sala. La joven arrastró el cuerpo hasta la mesa y volvió a comenzar la disección.

FIN

Cameos

Siempre he sido un cinéfilo empedernido. Uno de esos que además se fijaba en aquellas pequeñas apariciones, de actores, directores, escritores, dibujantes, músicos e incluso amigos del director de la película. Era un juego encontrar al personaje en cuestión y luego decirles a mis amigos "Mira, ese es tal o cual" y que me miraran con cara de ¿Quién?

Ahora estoy embarcado en mi segunda novela "El Caballero de la Canoa" Y no he podido evitar jugar a lo mismo, al cameo de algún personaje de Pedacitos de Muerte.... Incluso...¿Por qué no? Darle un pequeño papel en esta nueva historia que os aseguro me está llenando de satisfacción escribirla.


Para esta novela me he dado un plazo, aunque sé bien que las prisas no son buenas. La publicación de mi primer libro me hace ver todos los errores que he cometido antes y después. Soy un perfeccionista lo sé y pretendo que con este salga todo perfecto. Y también quiero que no se pierda nada en el tiempo de lo que tengo en la cabeza.

Vengo de leer a Sonix (que por cierto no os podéis perder su blog) y la entrevista que ha publicado de George R.R. Martin donde hablar sobre la publicación de su último libro "A dance with dragons" . Os recomiendo leer la entrevista entera. Pero me quedo con la parte de Así funciona con los libros...

El coche de sus sueños (parte II) V.O.

El hospital estaba cerca, así que no tardarían ni diez minutos con ese coche; echó una rápida mirada al muchacho y vio que todavía respiraba, aunque estaba muy pálido por la pérdida de sangre.

-¿Qué ha pasado? ¿Qué has hecho? -preguntó Fel atropelladamente.

-¿No te gusta ahora el color del coche? -farfulló Udo mientras soltaba un reguerillo de sangre por la comisura de la boca. -Pues si lo quieres rojo aquí hay sangre suficiente para pintarlo -Murmuró.

Ese cabronazo se estaba muriendo y no perdía el sentido del humor. Parecía disfrutar con todo aquello, sus ojos no dejaban de pasearse por el puñal aun clavado en su vientre. Fel sin dejar de mirar la carretera se dio cuenta de ello y sin pensárselo dos veces ( grave error) le sacó el puñal de un tirón y lo dejó caer en el asiento de atrás. Mr. Udo soltó un gruñido de dolor y su rostro se contrajo en una profunda mueca. 

-Puta ignorante, ahora me desangraré.

 Fel siguió haciéndole preguntas pero al ver que no contestaba se dio cuenta de que se había desmayado, estaba perdiendo mucha sangre. Minutos más tarde el deportivo entraba velozmente en la zona de urgencias del hospital; por fin había dejado de llover y el cielo se despejó dejando paso a una profunda noche primaveral. Detuvo el coche justo en la puerta de entrada, miró al muchacho mientras abría la puerta y se dio cuenta de que este ya no respiraba, su tez blanquecina reflejaba un eterno sosiego.

-iHijo de puta, no te mueras ahora! -Las lágrimas acudieron a los ojos de Fel, se inclinó sobre el joven y empezó a sacudirlo -iNo te mueras cabrón! - Empezó a sollozar desesperadamente y no porque sintiera algún afecto por Udo, el le traía sin cuidado, sino porque estaba perdida y era sospechosa de asesinato.

Fel no se percató de que un enfermero se había asomado por la puerta abierta del coche .

-¿Se encuentra bien? -la última palabra se ahogó en su garganta al ver toda aquella sangre, sus ojos se abrieron de par en par y se incorporó para pedir una camilla.

Sus palabras se volvieron a ahogar al recibir una fuerte patada en la entrepierna desde el interior del coche, cayó encogido sobre el suelo. Fel se puso de nuevo al volante y salió dispara de allí. Ahora sí que tenía problemas, llevaba un cadáver ensangrentado como copiloto, un coche seguramente robado y posiblemente acababa de dejar sin carnet de padre a aquel pobre enfermero. No sabía dónde ir.

De repente un plan empezó a tomar forma entre las brumas de sus confundidos pensamientos. La incineradora. Sería duro pero era la única forma de deshacerse del cuerpo sin dejar rastro; sí era una locura, ella no había hecho nada pero alguien la había visto "apuñalar" al joven y también la vieron huir del hospital. La incineradora la utilizaban en la facultad para eliminar los restos orgánicos de las disecciones de los animales de laboratorio, y esa era la única forma de eliminar el cuerpo completamente; del coche ya se ocuparía mas tarde.

Así puso rumbo de nuevo al punto de partida. Ahora siendo de noche tendría que evitar a los guardias de seguridad que patrullaban por el campus. Pensó que no sería difícil, eran bastante incompetentes, además existía un camino por detrás del recinto universitario, junto a las vías del tren, que llevaba directamente hasta la parte posterior del edificio de biología animal que era donde se encontraba el incinerador .Lo difícil sería meter el cadáver en el edificio.

Tal como había pensado, llegar fue fácil .Apagó el motor y las luces, el coche estaba más o menos oculto en el camino tras unos árboles y arbustos. La parte trasera del edificio no estaba iluminada, por allí nadie la vería; pero la parte delantera ya era otra cosa y era por allí por donde tenía que entrar. Había unos quince metros entre la esquina delantera del edificio y la puerta, solo tenía que recorrerlos sin que nadie la viese, abrir la puerta y ya estaba dentro. Ella sola podía hacerlo fácilmente pero cargando con un cadáver la cosa cambiaba mucho.

-Espérame aquí -dijo Fel mientras sonreía nerviosamente al cadáver, estaba a punto de ponerse histérica y pensó que un poco de humor la relajaría - y que no se te ocurra poner la radio. -Salió del coche y corrió hacia la esquina delantera del edificio con una sonrisa enloquecida dibujada en sus labios.

Al llegar su rostro volvió a transformarse y la preocupación volvió a renacer. Se asomó y comprobó que los guardas no andaban por allí. Lo único que se oía era el silencio de la noche. Se acercó a la puerta, estaba cerrada, eso quería decir que el edificio estaba vacío.

La gruta del alquimista (V.O.)

 Este fue el libro que hizo despertar mi total interés por la lectura. Me lo regaló mi abuela cuando yo era pequeño, con seis o siete años si no recuerdo mal. Me pareció mágico. Desde entonces un libro siempre me ha parecido el mejor regalo que me podían hacer.



La gruta del alquimista (ISBN: 8485900480)

León Mancheno, Vinicio

Descripción: tapa dura. Literatura española. Novela y cuento. Leyendas. Sagas. Hadas. Siglo XX. (087.5) Fraile. Madrid. 1985 20 cm. 175 p. il. Encuadernación en tapa dura de editorial ilustrada. Colección 'Los Tres amigos'. Los tres amigos que viven una aventura increíble en un viaje a través de un portal secreto que les lleva a otro lugar en otro tiempo... ISBN: 8485900480 MA14.

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