Mundo Perigeo

Eduardo Fanegas de la Fuente

27 de abril de 2011

Hay un monstruo debajo de mi cama (V.O.)
Mientras seguimos esperando como agua de Mayo a que la editorial me pase los puntos de venta voy a comenzar con esos Preludios de Muerte de los que os hablaba en mi primera entrada. Voy a comenzar manteniendo el orden cronológico. Este relato fue escrito alla por Octubre de 1994 y fue el primero de la serie que os voy a poner, curiosamente es el que más se ha conservado en su estructura y parte de él está incluido con pequeñas modificaciones dentro de la novela. Espero que os guste.

.....

Desde la inmensa oscuridad la criatura buscaba siempre un camino hacia la luz. Se agitaba inquietamente a la espera del momento, del sueño oportuno. La bestia era impaciente, quería saciar su sed cuanto antes, pero tenía todo el tiempo del mundo, toda la eternidad. En los albores de los tiempos había sido confinada en una cárcel sin rejas, en un reducto tan oculto pero tan cercano...

No existe un equilibrio entre el bien y el mal pero uno no existe sin el otro. Uddel, el mal, y Dio, el bien, hicieron un trato para crear el universo. En mutuo acuerdo crearon los planetas y sus estrellas. Al principio en algunos planetas crearon vida por separado. Uddel engendraba planetas oscuros con seres tan malévolos como horrendas sus formas. Dio traía al mundo planetas rebosantes de colorido en los que solo la pureza interna de sus seres superaba la belleza de sus rasgos. Pero estos mundos tenían sus días contados, sus creaciones desaparecían al poco tiempo. El mal y el bien se destruían a sí mismos. 

Así Uddel y Dio decidieron crear un planeta que perteneciese a ambos, en él los seres serían bellos pero mortales, libres pero presos de sus necesidades, con instintos pero salvajes ... Este planeta era la tierra. Un día no contento con el resultado de su alianza, Dio creó un ser inteligente en equilibrio con la naturaleza pero Uddel furioso lo transformó en un elemento curioso, ambicioso y destructivo, con una inteligencia aletargada. Entonces Dio con falacias convenció a Uddel de que en el subconsciente de ese animal existía la pureza más cristalina que jamás había creado. Uddel cegado por la furia se introdujo en el subconsciente para destruirlo y quedó atrapado.

La bestia permanecía aún oculta entre las sombras y de repente algo brilló en la oscuridad. Unos pequeños pies descalzos se detuvieron ante la entrada de la habitación. Esta era amplia y con una decoración típicamente infantil. La cama estaba repleta de muñecas, igual que las paredes I a su izquierda había una mesita con una lámpara con forma de seta y al lado un gran armario. Al entrar en la habitación un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Elena, a sus seis años no recordaba que aquel níveo suelo hubiese estado tan frío como ahora. Sus azules ojos recorrieron toda la habitación pero se detuvieron con gran inquietud en su cama. Se acercó unos pasos pero se detuvo a cierta distancia, la justa para alargar el brazo, levantar la colcha y mirar debajo de la cama.

-¿ Ves? No hay nadie. -dijo una voz desde la puerta.


Elena dio un respingo al no haber percibido la presencia de su madre. Esta la sonrió mientras la alzaba entre sus brazos. A Elena siempre le reconfortaba tener cerca a su madre, se agarró fuertemente a su cuello e inhaló profundamente el suave olor de su cabello. Susana notó un ligero estremecimiento en su hija. Cada noche era peor, hacía una semanas que habían empezado las pesadillas y la niña se despertaba cada noche gritando aterrorizada. A Susana le preocupaba muchísimo pero Andrés, su marido, decía que era normal a su edad y que ya se le pasaría. Elena echó hacia atrás la cabeza pero no soltó las manos del cuello de su madre.

-Mamá, no quiero dormir aquí...sola.-dijo con un visible temblor en la voz.

-Ya sabes lo que dice papá, tienes que enfrentarte a tus pesadillas sola, si no nunca las superarás. -Susana se la hubiera llevado de buena gana a dormir con ellos pero Andrés era tajante respecto a eso.

 -Pero el monstruo - Insistió Elena.

-Acabas de ver que no hay nada debajo de la cama, así que acuéstate ya y no pienses en ello.

En la cama ya su madre la arropó y le dio las buenas noches; al salir de la habitación dejó la puerta entornada. Por la rendija entraba una franja de luz que provenía de la habitación de sus padres al otro lado del pasillo. Elena se arrimó tanto como pudo a su muñeco preferido, el que le acompañaba cada noche, un conejito de peluche verde con unas orejas tan enormes como su cuerpo, aun así algo inquieta se quedó dormida. Al rato la luz que entraba por la rendija se apagó.

La bestia despertó con ansiedad y buscó rápidamente la luz, allí estaba como el primer día que la vio, solo que ahora era mucho mayor y más potente. En su boca se dibujó una línea que dejaba entrever unas hileras de punzantes y amarillentos dientes, supuestamente la línea representaba una grotesca sonrisa. Aquella era la noche, aquel era el sueño.

Mientras Susana se quitaba el albornoz para acostarse observaba a su marido mientras este sacaba dos somníferos del cajón de la mesilla y se los tomaba. Al alzar la cabeza para tragárselos se encontró con la mirada de reproche de su mujer y rápidamente empezó a excusarse.

-Con las pesadillas de la niña no hay quien duerma, y hay gente que tiene que madrugar para trabajar ¿Sabes? -dijo mientras se acostaba.

-Lo sé muy bien porque siempre soy yo quien se levanta para tranquilizar a Elena, así que no te quejes. Lo único que quieres es desentenderte del problema -dijo Susana exasperada.

Andrés se dio la vuelta dándole la espalda y farfulló algo entre dientes. Como la mayoría de las noches la discusión se finalizaba con los ininteligibles murmullos, a Susana eso le sacaba de sus casillas. Suspiró como si así liberase su enfado, apretó los dientes y se metió en la cama. Al momento apagó la luz. 

Otra noche más la niña se encontraba de pie en medio de la nada. Oía aquella tosca respiración, aquellas uñas arañando al deslizarse por el suelo y cada vez estaba más cerca. De repente un rugido delató la posición de la bestia y al girarse dos ojos centelleantes saltaron hacia ella.

Elena se despertó empapada en sudor y hubiese gritado ya a no ser porque sentía algo diferente en su cuerpo, como si algo se hubiese liberado. Encendió la luz de la mesita y yio que su conejito Orejotas estaba en el suelo junto a la cama. Al hacer el ademán de ir a cogerlo una enorme zarpas de larguísimas uñas salió de debajo de la cama y descuartizó literalmente al peluche al arrastrarlo bajo ésta.

-¡ Mamá, el monstruo, está debajo de mi cama! -gritó Elena desesperada.

Andrés con los gritos ni se había inmutado pero Susana se levantó como un resorte ante los gritos de su hija y fue rápidamente hasta su habitación; al entrar vio a Elena encogida contra la cabecera de la cama con los ojos abiertos como platos.

-i Mamá, el monstruo! i Se ha llevado a Orejotas! -dijo aterrorizada la niña.

-No hay ningún monstruo -dijo con voz tranquilizadora -seguro que se te ha caído o no te acuerdas donde lo has metido -Mientras decía esto de no verlo en la habitación. Justo antes de agacharse para mirar debajo de la cama dos fuertes garras aparecieron de debajo de ésta y la sujetaron por los tobillos. El tirón fue tan brusco que al caer de espaldas Susana se partió la cabeza contra el suelo y quedó inconsciente o si no ya muerta.

Pero la bestia no esperó para comprobarlo y empezó a devorarla .Mientras iba desapareciendo poco a poco arrastrada bajo la cama su cuerpo se sacudía en fuertes convulsiones debidas al ajetreo voraz de la bestia.

La niña quedó petrificada al ver toda aquella sangre salpicar de arriba a abajo lo que quedaba de su madre y todo el blanquecino suelo. Sus ojos se perdieron más allá de los charcos de sangre hasta que finalmente todo el cuerpo de su madre desapareció entre gruñidos y chasquidos de huesos. El silencio inundó la habitación, si no fuese por la sangre todo estaría como antes. Elena seguía con la mirada perdida cuando sus ojos se entrecerraron dejando una fina línea de visión y sus labios se torcieron en una sonrisa de medio lado. Por fin comprendía.

-i Papá! i Papá! i Hay un monstruo debajo de mi cama! i Papá ven!

4 comentarios:

  1. Así que esto fue el principio de todo! Un pelín sádico, muy chulo. Me gusta, sí. Ese final que deja todo un mundo abierto a la imaginación... Un beso!!

    PD: He intentado dejar un comentario en tu otro blog ¡tres veces! Y no ha habido manera. No sé si le pasa algo a la entrada que has publicado hoy...



    Publicado por Vir para Pedacitos de Muerte a las 27 de abril de 2011 12:53

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  2. Eduardo Fanegas de la Fuente9 de junio de 2020, 11:59

    Efectivamente así empezó, en aquella época yo era muy gore en general. Cómo se cambia con la edad!!

    En el otro blog no se lo que pasará, aquí no me da problemas, pero claro pruebas externas no he hecho...no sé..volveré a revisarlo, gracias!



    Publicado por Eduardo Fanegas de la Fuente para Pedacitos de Muerte a las 28 de abril de 2011 00:17

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  3. La mejor vía que tengo para adquirir tu libro ´será el Corte Inglés, pero tranquilo, si lo consigo, no será poca cosa, y además te lo diré.
    Muy bueno este relato, me asusta un poco, porque mi hija tampoco quiere dormir sola, también tiene los ojos muy azules, y duerme con su peluche... y también hay un monstruo debajo de su cama (solo tiene dos años, pero te aseguro que es un monstruo)... y ella también es muy, pero que muy retorcida.
    El final es genial.



    Publicado por Ruben para Pedacitos de Muerte a las 3 de mayo de 2011 04:26

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  4. Eduardo Fanegas de la Fuente9 de junio de 2020, 12:01

    Ruben - Me alegro de que te haya gustado el relato aunque asuste...Es lo que tienen los terrores nocturnos y las pesadillas. Y échale un ojo a la peque que si ya es retorcida con esa edad...jajaja
    En cuanto al libro donde mejor te venga, aunque pidiéndolo por web todos valen. Será un honor y un placer que lo leas :-) Gracias!



    Publicado por Eduardo Fanegas de la Fuente para Pedacitos de Muerte a las 3 de mayo de 2011 07:13

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