Mundo Perigeo

Eduardo Fanegas de la Fuente

3 de febrero de 2010

Josh VIII
Eva no se creía lo que estaba pasando. Era un mal sueño...casi una pesadilla de la que no podía despertar. Aunque Josh la trataba igual que siempre y era incluso más atento con ella desde lo ocurrido tras el accidente no podía evitar verle con otros ojos. ¿Quién era aquel hombre?

Había conseguido eliminar a sus perseguidores y no sólo eso, se encargó del vehículo y de los cuerpos. Cada uno había cogido uno de los coches y tras limpiar todos los restos posibles de la carretera (que seguía extrañamente vacía) habían salido por un carril de mantenimiento de la vía.

Eva condujo su coche siguiendo el de Josh sin pensar kilómetro tras kilómetro por carreteras secundarias y luego un pedregoso camino que les llevó hasta el lago Talmir. Éste se encontraba enclavado en la ladera norte de los Montes de Sokin, era un lago bastante grande y profundo lo cual lo hacía navegable y la pesca allí era un buen recurso, pero además era uno de esos pocos lugares lo suficientemente desconocido aún para que no haya sido invadido por hordas de turistas. La única población reseñable junto al lago era Neissel, un pequeño pueblo en el cual la gente venía buscando sus suaves temperaturas veraniegas, sus verdes prados y bosques y en especial la buena pesca del lago. Gracias a dios aún quedaban mucho meses para aquello.

Josh había escogido bien el lugar para hundir el coche, en lado opuesto a la población en una zona de dificil acceso. Allí se encontraban en aquel momento, aún viendo como se hundía el coche con los dos cuerpos sin vida en su interior.

Eva había permanecido muy callada desde que habían bajado de los coches y Josh lo preparaba todo. No podía quitarle los ojos de encima.Y no era por miedo, era la incertidumbre, la curiosidad...tantos sentimientos que la abrumaban. Jamás había vivido algo así y no creía que le estuviese pasando a ella...Si solo era un paseo en coche..y ahora...¿Qué iba a ocurrir? ¿Se acabaría despertando?

Josh se acercó a ella en el momento que el coche desapareció por completo bajo las aguas. Tenía el rostro empapado de un sudor frio y estaba algo pálido.

-Tu pierna...-dijo ella. No entendía como podía aguantar el dolor y seguir en pie, se tenía que haber derrumbado ya.

-No es nada.-dijo- Nos quedan unos 30 kilómetros hasta Neissel. Está a punto de anochecer. Nos quedaremos allí. Sé que tendrías que volver, pero ahora...no puedes. Después de esto no. Lo siento.


2 comentarios:

  1. por fin otra entrega.....y mas interesante q nunca. No tardes en las siguientes por favor!!!



    Publicado por Mnemósine para .. a las 3 de febrero de 2010 21:48

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  2. Que liado todo,no? que curioso es todo, que encerrará este hombre?
    No nos hagas esperar tanto, por favor.
    Un beso



    Publicado por Gilda para .. a las 8 de febrero de 2010 00:14

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