Mundo Perigeo

Eduardo Fanegas de la Fuente

27 de noviembre de 2005

El rostro petrificado
No puedo evitarlo.

Esas fueron las primeras palabras que oí al pie de mi cabaña. Sólo una voz tan grave y resignada como aquella podía hacer que aquellas palabras sonaran tan tristes. Acababa de amanecer y yo salía de mi hogar dispuesto a darme mi baño matutino en el mar, pensando en tener aquel día un encuentro con los cosmeacuícolas a los que hacía tanto que no veía y echaba de menos. Iba sin mi armadura (solo un loco se bañaría con ella, aunque claro también se podía decir lo mismo de aquellos caballeros que la llevan puesta en sus paseos en canoa...) y sentir de golpe aquellas doloridas palabras sin protección me marcaron más profundamente en mi corazón.

-No puedo evitarlo - fue lo que dijo aquel hombre de unos dos metros de estatura envuelto en las sombras de su negra capa. Únicamente pude ver unas enormes pero delgadas manos sujetando el embozo ocultando así su rostro.

-¿Qué es lo que no puede evitar? - Pregunté. Entonces él echó a andar dirigiéndose hacia la orilla, como invitándome a hacerlo a su lado.

-Que la gente me odie...- Tristeza, dolor, resignación, soledad...son las cosas que pude ver en esas palabras.

-¿Por qué dice eso? - De repente me sentí ridículo pensando en el extraño contraste de aquel ser que podía ser la mismísima Muerte caminando a mi lado y yo en paños menores. Caminamos unos segundos en silencio, un silencio aún más lúgubre debido al peso de unos grandes y densos nubarrones oscuros a los que no había prestado atención al salir de mi cabaña. Finalmente respondió mientras se giraba lentamente hacia mí dejándome ver su rostro.

-Porque me miran y se lo que piensan - Me encontré con un rostro tallado en piel pero con los rasgos de una roca, duro, frío y hueco, vacío y sin expresión, sin sentimientos...Le miré a la cara, sí que le miré y miré sus ojos y volví a oír en ellos el eco de sus palabras en mi alma...no puedo evitarlo.

-¿Y quién piensa eso? ¿Alguien se ha molestado en conocer lo que hay tras el rostro petrificado? -dije al fin.

-Por eso estoy aquí - respondió, se giró y dejándome atrás susurró aunque lo suficientemente alto para que yo pudiera oírlo.- Ve a bañarte, los cosmeacuícolas te esperan...



2 comentarios:

  1. Y le odian por eso, por su diferencia. Porque su capacidad particular les desnuda el alma sin
    consentimiento y les supera. Me ha gustado leerte, vecino, gracias por tu visita.
    December 03 10:18 AM

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  2. Me gusta la historia, pero confieso que no la acabo de entender. Me he perdido. jeje Besazos.
    December 15 10:52 AM

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