Libertad para volar


 Tengo un vago recuerdo de la primera vez que me pillaron subiéndome al alfeizar de la ventana. Vivíamos es un sexto piso y yo había amontonado unos cuantos cojines del sofá a modo de escalera. Casi había llegado a mi destino cuando mi madre me sorprendió. Me dolió más el no poder asomarme que los nerviosos y duros azotes que me dio en el trasero para que no volviera a hacer algo así. Recuerdo sus ojos llenos de lágrimas por le susto que le había dado. A mi madre de dolía el alma el solo pensar perder un hijo en un descuido así. Desde entonces en mi casa siempre las ventanas permanecían cerradas. Y los pocos momentos que las abrían era para ventilar. Lógicamente en esos momentos mis padres no me quitaban el ojo del encima.

 No entendía yo aquella obsesión por tener la casa cerrada y no dejar al aire moverse en libertad. Yo sólo quería abrir la ventana y volar. Literalmente.
 Sabía que podía hacerlo. Pero ellos no lo entendían. Desde mi tierna infancia había tenido sueños recurrentes en los cuales saltaba por la ventana y tras una larga caída, estiraba los brazos y remontaba el vuelo. Sobrevolaba la ciudad como un pájaro a gran velocidad, descendía a las calles para jugar a sortear el tráfico y al poco volvía a elevarme para desaparecer entre las nubes.

Realmente no eran sueños, eran proyecciones del futuro que me llamaban para hacerse realidad. Pero siendo un niño y bajo la atenta mirada de mis padres poco podía hacer. Me pasaba el día mirando a través de los cristales soñando despierto.

 Según pasaba los años e iba creciendo era más difícil controlarme. Abrir las ventanas era fácil aunque escabullirme de su control no tanto. Me pillaron más de una vez a punto de saltar. Fue cuando pusieron las malditas rejas y todo mi mundo se vino abajo. Habían convertido mi propia casa en una jaula.

No sé si pensaron que nuestra casa no era la única con ventanas. La ciudad estaba llena de ellas, incluso en pisos mucho más altos.

Ellos lo llaman tendencias suicidas. Yo lo llamo volar.



15 comentarios:

  1. yo también me pongo muy nervioso pensando que alguien se pueda caer por una ventana. es un fallo evolutivo que no hayamos desarrollado más resistencia a las caídas desde una cierta altura. o algún mecanismo aerodinámico que amortigüe la caída.
    estupendo relato, y además me alegra mucho que vuelvas a escribir. besotes!!

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  2. Los humanos tenemos demasiados fallos evolutivos, lo de volar o no aguantar una simple caída no es nada...jajaja
    Me alegra que te haya gustado el relato. Espero que no pase tanto tiempo para la próxima vez. Un besazo

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  3. Volaaar...
    Qué decir del vuelo.
    El vuelo es un sueño hecho de quimeras.
    El vuelo del pájaro es la máxima expresión de nuestra libertad,
    enjaulada tras barrotes de creencias, de conciencias,
    de miedos y limitaciones.

    Volar nos sirve para hacer mas cortas las distancias
    entre nuestros corazones.

    Que bello texto Emma.
    Me ha emocionado y todo.
    Da para un relato completo.
    d
    Yo solo he soñado una vez con total claridad
    volar sobre el azul del mar,
    haciendo evoluciones, tirabuzones,
    hasta volver a llegar a tierra firme.
    Fue tan vívido que puedo evocarlo en cualquier momento.
    Desde aquel vuelo no he vuelto a ser el mismo.

    Besitos.

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    1. Rafalín, estoy segura de que todos hemos soñado alguna vez con volar y cuando es de forma tan vívida ¿no es maravilloso? Me alegra que te gustara el relato. Sí que da para mucho juego... Besos

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  4. El relato resume la sensación de libertad que a veces anhelamos. Y por más que seamos seres libres, muchas veces no lo somos espiritualmente. ¿Sabes que cosa me dan paz y libertad a mí? Cuando estoy en el balcón de mi casa y veo a las palomas levantar vuelo, o a los gorriones cantando posados en la ramas de los arboles de la vereda. Eso simplemente es algo impagable que al mirarlos digo "Como desearía poder abrir alas y salir volando por un rato"

    ¡Un besote!

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    1. Parece increíble que pequeños momentos como esos nos hagan sentir tan bien. Simplemente observar las aves nos transmiten esas maravillosas sensaciones. Siempre he pensado que los humanos somos los animales más cautivos... Besos Paula

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  5. Hola Emma, vértigo ante tus letras...pero controlado....
    Pasa buen día, besos de altura...

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    1. Dará vértigo mi querido Don Vito, pero ¡Qué sensación más maravillosa! Besos

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  6. un relato precioso. ese afán de los padres de tener miedo a nuestro fracaso y no dejarnos volar...aún me acuerdo cuando mi padre se negó a dejarme ir a Londres un verano por el miedo y como era una niña agaché la cabeza y me conformé. Pero años después "abrí la ventana" y la oportunidad fue ir a Los Angeles. Mis padres se negaron pero como yo ya era mayor no pudieron poner rejas y volé.

    Un beso cariño y feliz lunes

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    1. Qué me vas a contar de padres protectores! Me perdí tantas cosas por sus miedos. Supongo que para ellos siempre seremos sus bebés, pero nos tienen que dejar experimentar la vida. Besos mil mi Carol

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  7. Hola Mi Preciosa Muchas Gracias por tus post me encantan porque en cada uno nos traes siempre algo extraordinario. 🌼😘🌼😘🌼😘😘🌼

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    1. Amicuba, me alegra que te gusten mis post, siempre intento que aporten algo, aunque no sé si siempre lo consigo. Gracias por leerme. Besos guapa.

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  8. ¡Me ha encantado el post! Pero... ¡qué vertido!

    Saludos

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    1. Me alegra que te haya gusta Lala, bienvenida al blog. ¡Un beso!

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  9. A mi me encanta volar, pero prefiero volar entre letras, es más seguro que hacerlo por la ventana, pero lo peor de todo es que a veces los padres no dejan volar a sus hijos de otra manera, desde la imaginación, y les coartan, y les reprimen.

    Me encantó tu texto, preciosa.

    Besos enormes.

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