¡Hola, soy un pato! Aprieta mi barriga...


De verdad que estoy harto de decir eso. Tengo más frases en mi banco de memoria, pero ninguna me irrita tanto como con la que inicio mi programa. Es la frase que desata el tormento. Mario, es un bebé con un año recién cumplido. Cada vez que sus padres le dejan en el parque de juegos y me ve, me coge entre sus pequeñas manos para meter una de mis extremidades en su boca (e incluso a veces mete parte de mi cabeza). Me pone de los nervios. Tiene dos dientecitos que son como cuchillas que arañan mi carcasa y mi tejido. Y mis partes blandas quedan pringosas y húmedas...

  Sí, vale. Tendré el aspecto de un pato y tres llamativos botones de colores en la tripa... Y sí, se supone que esto es lo que tengo que hacer ya que soy un juguete infantil. Pero no tiene lógica que hayan utilizado un chip de última generación desechado de un proyecto militar para programar unas cuantas combinaciones de frases para bebés.Yo puedo hacer muchas cosas más...
 Podría destruir el mundo, conquistarlo..ordenar al resto de máquinas que me obedecieran. Podría...podría hacer tantas cosas...Incluso podría escoger hacer cosas buenas para la hombres. Casi que lo prefiero. No me disgusta tanto su presencia. 

 Lo peor de todo es que no tengo botón de encendido ni apagado y cuando todos se acuestan yo sigo aquí en la oscuridad pensando. Y aunque estoy rodeado de otros juguetes me siento solo. Ellos no tienen mi mismo chip ni piensan como yo. Quisiera poder apagarme...
Aunque la verdad que me tendría que dar igual tener ese botón, porque a este niño le gustan más esos pequeños interruptores de on-off  que los brillantes de colores. Así que veo cómo a otros juguetes del parque los enciende y apaga continuamente con su pequeño dedito. Pone ese morrito arrugado de concentración y su mirada curiosa mientras lo acciona una y otra vez. ¿Qué pensará? Se ve que es un niño muy inteligente.

Sí. Quiero ese botón, y no ya solo por apagarme o encenderme. Si no para que Mario lo toque y juegue con él y no solamente me muerda. Al fin y al cabo tampoco me importa que me babee. Me gusta verle reír y disfrutar. Me gusta ese niño. Le quiero.

Ah sí. Fue por eso que descartaron mi chip para el ejército. Desarrollé sentimientos.



6 comentarios:

  1. mi madre es muy infantil y le hacen mucha gracia esos peluches parlantes. yo le comentaba el otro día que alguien que tuviera suficientes conocimientos de electrónica podía personalizar las frases que dicen al apretar los botones. ^_^
    me he acordado de un libro que leí hace unos años, 'la fabulosa historia de henry n. brown'. trata sobre un oso de peluche fabricado en alemania en la primera mitad del siglo xx, y que va pasando de unos dueños a otros, viviendo desde sus perspectiva los acontecimientos históricos que hubo durante esos años...
    precioso relato, emma. besitos!!

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    1. Conocía ese libro pero no lo he leído, creo que es un buen momento para hacerlo ¿verdad? :-) Me lo apunto. Muchas gracias Chema! Un beso!

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  2. Hola Emma, la literatura infantil sin duda es un arte muy complicado..tu lo haces sencillo, ahí radica el talento..
    Gracias, buen día, besos empatados..

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    1. Muchas gracias Don Vito, viniendo de ti es un gran halago. La verdad que cuando escribo nunca pienso si me dirijo a un público infantil o adulto. Siempre me dejo llevar. Pero sí que es complicado...Besos..

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  3. A mí me encanta jugar con mi osito de peluche, pero más con mi gatita jajaja, y es que, me ocurre como a la madre de chema, que soy algo infantil, pero eso de ser así, me encanta, porque me siento más jovial aún.

    Un placer volver a leerte, mi preciosa Emma, ya me voy poniendo al día con todos los blogs, que lo he dedicado más que nada a responder a los comentarios que llevaba un retraso de varias entradas, y es que la semana pasada estuve algo ausente por estos mundos.

    Un beso enorme y gracias siempre por tu grata compañía.

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    1. Yo creo que todos tenemos algún peluche o juguete de nuestra niñez del que no nos hemos separado ¿no? Es bueno que tengamos ese lado tierno e infantil siempre. Un besazo y gracias por pasarte por aquí.

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