Música mortal


  Miguel se ha levantado a las cinco de la mañana. Para ir a trabajar no tiene que madrugar tanto pero su cuerpo le pide salir a correr cada mañana. Dice a sus amigos y compañeros que no hay mejor manera de comenzar el día que liberando endorfinas para llenarle de energía y darse después una buena ducha. Así que se pone su chándal, su mp3 con su música preferida y sale a la calle. Hoy cae una fina llovizna, pero no importa el clima que haga. Nada le detiene. Se echa la capucha de la sudadera y se la cala hasta los ojos, calienta un poco y sale con un ritmo endiablado.
 Vive en el centro de la ciudad así que la mayor parte de su recorrido es urbano. No es algo que le preocupe, le gusta sentir la velocidad al sortear las aceras y los pocos transeúntes que hay a esas horas. Y todo al ritmo de rock duro.
Al doblar la esquina para subir por la avenida principal que le lleva hasta el parque central no se da cuenta que deja a su espalda un coche patrulla del que han descendido dos agentes. Ambos salen corriendo en su dirección. Gritan pero tampoco les oye. No son capaces de alcanzarle. Miguel es una máquina corriendo.

  Javier es un delincuente con una larga lista de atracos con violencia. Le han detenido varias veces pero aun siendo reincidente siempre acaba en la calle. Sale corriendo de una joyería como alma que lleva el diablo. Avisó al dueño que no diera la alarma, pero no le hizo caso. Casi se sintió obligado a reventarle la cabeza para que soltara el botín. Lleva una sudadera con capucha que oculta su rostro y deja atrás la avenida principal para callejear e intentar despistar a la policía que no tardará en llegar.

  David y Carlos son dos agentes de policía que acaban de recibir aviso por radio de un atraco en una joyería. Tienen la descripción del sospechoso y la joyería no queda lejos. Casualidades de la vida se habían detenido a coger unos cafés en una conocida cadena en la misma calle. Acaban de salir de la cafetería y no han terminado de abrir las puertas del coche patrulla cuando ven al sospechoso corriendo doblar la esquina por una del las calles colindantes dirigiendose calle arriba. Los dos agentes le dan el alto una y otra vez pero sigue haciendo caso omiso y no son capaces de alcanzarle. David cansado ya, desenfunda el arma y dispara.

 Miguel cae fulminado.


Imagen de Dan Braun

2 comentarios:

  1. es complicado para un policía saber cuándo debe usar su arma contra un delincuente. supongo que en legítima defensa, en caso de que peligre su propia vida o la de otra persona.
    muy buen relato. por cierto, he visto el evento en la casa del libro de alcalá. he ido allí muchas veces, está cerca de mi casa. vi que caía en jueves. si no me ponen muchas clases, con un poco de suerte podré pasarme.

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    1. ¡Ay Chema! pues espero que no tengas clases y poder conocerte en persona. Me encantaría ¡Muchas gracias!

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