Lucía, ella misma y nadie más


Lucía estaba deprimida. Nada le salía bien. Ya desde muy pequeña mostraba síntomas de la nube negra que tenía encima.

 -No, yo no cruzo que seguro me caigo -decía mientras observaba cómo su hermana brincaba de una piedra a otra cruzando el riachuelo. Al final a regañadientes y casi obligada lo intentóy cayó al agua. -¿Veís? -sollozaba -Sabía que me iba a caer...

  Con los años la situación no mejoró, sus miedos, sus temores...todo hizo que cualquier cosa que iniciara acabara en fracaso. Sus relaciones estaban acabadas antes de comenzar, era muy bella e iba de unos brazos a otros ¿Y si no me quieren de verdad? Ya vendrán..., y así tanto los hombres como sus amistades acababan rehuyéndola. Encontró a un hombre maravilloso, rico, bueno y guapo pero su matrimonio naufragó a los pocos años y su hija en cuanto pudo se marchó de casa. -Es que todo me sale mal. -Se repetía. Y se pasaba el día dando vueltas a sus problemas sin hacer nada. La despidieron en el trabajo y no encontraba nada. Sí, tenía sueños que cumplir, pero claro...seguro que le salían mal. Envidiaba a los demás, a todos les iba bien. Pero a ella...

  Ahora tenía una extraña enfermedad genética, su cuerpo se estaba corrompiendo poco a poco...sabía que iba a morir. -Hermana, cómo te envidio. Tú si que estás bien, qué suerte tienes...

Alli estaba su hermana gemela, y no de visita tal y como pensaba Lucía. Estaba ingresada en la cama de al lado en el mismo hospital con la misma enfermedad. Ella también se moría. 

 María había cruzado el riachuelo, pero por volver a por su hermana se lesionó en una pierna. La cojera no le impidió seguir con una sonrisa y avanzar en la vida. Había que vivir y arriesgarse, e hizo siempre que pudo lo que deseaba y le hacía sentir bien. Se casó y fué muy feliz en su matrimonio, tuvo tres hijos y embarazada del tercero le dijeron que su marido había muerto en un accidente al caerse del andamio en la obra. Sacó ella sola adelante a sus tres hijos y a su sobrina, que llegó huyendo de la nube negra de su hermana. Y a pesar de todo sacó tiempo para reir, estar con sus amigos, hacer lo que deseaba hacer y disfrutar de la vida.

-Lucía deja de autocompadecerte de una puñetera una vez... -le dijo desde su cama.

“Gemelas idénticas”, de Diane Arbus (1967)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Bienvenidos a esta página, queridos lectores!
Ojalá que entre todos la convirtamos en un refugio de literatura y vida. Dejad aquí vuestra huella.

INSTAGRAM

@emmasagen