Tímidas Palabras


Ahí están las muy putas, que no quieren salir. Más que tímidas son unas puñeteras cobardes y me están haciendo cabrear.

¿Pero qué les he hecho yo? Siempre las he tratado bien, procuro no cometer faltas ortográficas y las ordeno lo mejor posible para enganchar al lector cuando las lean. Deberían estar orgullosas de cumplir su función y más que animadas, locas por salir y contar historias entre todas juntas.
Pero llevo una hora sentado delante del folio en blanco y no sale ni una. Y si las fuerzo a salir es peor...agito el lápiz y salen al azar; creo que se lo juegan a los chinos para ver a quien le toca. Las ultimas han sido "casa, maquillaje y vaca"... Joder con eso no hago nada, no tienen sentido. Bueno sí, podría escribir "La vaca entró en la casa para maquillarse" pero no tiene nada que ver con la historia que estoy escribiendo. Y hala, otro tachón en la hoja.

No quiero pensarlo, pero...¿Y si se me están acabando? Por eso salen las que quedan, muertas de vergüenza por no tener orden ni concierto...¡Oh Dios mio! ¡No podré volver a utilizar las palabras vaca, casa ni maquillaje! Ah no...acabo de hacerlo...que susto me he llevado.
Entonces...¿Qué les pasa?

¿Las musas decís?

Mierda, es verdad...no estoy nada inspirada. Y me he dado cuenta de que llevo una temporada larga escribiendo en el blog sobre lo mismo una y otra vez. Dicho de una manera u otra, pero repitiéndome hasta la saciedad. Imagino que es una vía de escape al estrés diario, al correr de un lado a otro y sacar unos minutos para escribir mis novelas sin perder el norte. Y así me pasa luego. Que llego a mi cita semanal al blog y lo único que me apetece es desahogarme. Siento ser tan pesada. Prometo controlarme. No volverá a ocurrir.

Mejor tomarse la entrada de hoy con humor ;-)

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