La trampilla

 No se trata de una trampa pequeña, no. Resulta que cuando yo era pequeña ansiaba que llegara el momento cada noche de acostarme, para poder así viajar a esos mundos mágicos a los que me transportaba desde mi cama.

Lo curioso es que lo hacía literalmente...Tapada hasta el cuello me daban las buenas noches y tras apagar la luz cerraban la puerta de mi cuarto sabiéndome segura y a salvo allí. Pero yo sonreía feliz, porque mil aventuras me esperaban antes de dormir. Sin sacar las manta, bien metidas bajo el colchón por mi madre para que no me destapara en la noche, me deslizaba hacia arriba en la almohada quedándome en cuclillas sobre ella, y ni corta ni perezosa me sumergía de cabeza bajo las sabanas avanzando cual marine cuerpo a tierra hasta los pies donde cada noche aparecía la mágica trampilla.
La levantaba con mis temblorosas y excitadas manos y con una sonrisa traviesa me deslizaba por el túnel que se abría tras ella. Unas veces había una pasillo, otras unas escaleras que bajaban o subían, pero de cualquiera de las maneras todos los caminos llevaban a mundos mágicos. Mundos de piratas, de hadas, de dragones, de tesoros, de monstruos infernales, de princesas...cada noche una aventura de ensueño. Y cuando volvía, cerraba la trampilla y caía agotada en los brazos de morfeo con una sonrisa en los labios.

Hoy me pregunto que habrá sido de esa trampilla...¿seguirá ahí? Yo creo que sí. Porque no me imagino este mundo o cualquier otro sin todo lo que he creado y vive en Perigeo.


No me digáis que no queréis una igual...yo siiiii, de pequeña hubiese disfrutado como una loca con ellas...aysss, bueno y de mayor también lo haría ;-) Imagen de http://www.ikeahackers.net/

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